martes, 2 de abril de 2013

Capítulo 2

No le quedaba nada. Su único objetivo era ser la mejor, sin ellos. Eso es lo que Lorelein se decía así misma para salir adelante, y se le metió tanto en la cabeza que se encerró en si misma.
Recuperó todas las asignaturas del primer trimestre que le habían quedado y sacó sobresalientes en la segunda evaluación. Esto le levantó mucho la moral, y le hizo ver lo brillante que era. Nadie se creía lo que había pasado, porque en el fondo todos creían que abandonaría y suspendería, ya que segundo de bachillerato es un curso bastante difícil y recuperar 10 es casi imposible.
Sin embargo, lo consiguió. Al terminar el segundo trimestre había un puente, la Semana Santa. Lorelein nunca había sido muy religiosa, ya que sus padres tampoco lo eran, pero ese año la mandaron con su tía-abuela que sí lo era y tuvo que asistir a todos los pasos.
Lorelein siempre había pensado que la perfección no existía, que Dios puede que sí, pero que ella nunca adoraría a uno que tuviera forma humana, pues los humanos son imperfectos y Dios tiene que ser perfecto por definición. Lorelein defendía que ella era científica y que ,por tanto, podía explicar muchas cosas a través de la ciencia, aunque en realidad Lorelein todavía no se había graduado. Pero sí tenía clara una cosa: hay cosas que la ciencia no puede explicar y que es probable que haya un algo místico, al que podemos llamar Dios. Pero claro, ¿qué iba a saber una chica inocente de 18 años que ni siquiera había tenido novio nunca?
Lo primero que a Lorelein le llamó la atención de los Pasos fueron las imágenes, esas grandes esculturas de Jesús y la Virgen. Todo el mundo parecía ensimismados con ellas, como una gran secta. Su tía-abuela le contó un montón de historias sobre la biblia y Lorelein se quedó maravillada. Para ella nada de aquello era real, pues no creía que hubiera pasado de verdad, pero Lorelein vio en la biblia un sentimiento de hermandad, de ayuda, de amor...que rápidamente le hizo sentirse atraída por su palabra. Ya que, estaba tan desesperada mentalmente por si misma y quería ayudar a los pobres de otros países que pensó hasta en hacerse monja misionera. Pero nada más tener ese pensamiento, se le borró de la mente, ¿cómo iba a enseñar una palabra en la que ella no creía, en la que solo veía unos grandes símbolos en los que vivir? También pensó en el perdón, y decidió llamar a su mejor amiga para pedirle perdón aunque en realidad ya no se acordaba porque se habían peleado, solo se acordaba que llevaban cinco meses sin hablarse. Pero esa llamada nunca llegó a realizarla, porque ese día, ese Jueves Santo, pasó algo increible y extraño. 
Lorelein estaba asistiendo a una de las tantas procesiones en las que había estado esa semana, uno de los penitentes le acababa de guiñar un ojo y derrepente todo el mundo empezó a pegarse puñetazos. Se produjo una pelea, Lorelein no entendía nada, ¿qué estaba ocurriendo? Sintió que una mano le rozaba, pensó que era para pegarle, pero no era así, sino que era el penitente que le había guiñado antes. La intentaba guiar a otra parte y ella se dejó. Seguramente sus padres de haberlo visto le hubieran instado a que corriera y que no se fiara de nadie, pero no estaban allí. 
El penitente guiaba a Lorelein tan bien que nadie la llegaba a golpear. De pronto, pasaron del bullicio de la calle a una habitación oscura. Entonces, Lorelein creyó vislumbrar las intenciones del muchacho, la iba a violar. Lorelein empezó a temblar de miedo y también a imaginarse lo que podría llegar a pasarle por imprudente. El muchacho se dio cuenta de que Lorelein temblaba y la abrazó para que entrara en calor, malinterpretando sus tiriteos. 

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