Lorelein se volivó valiente y se apartó de él con un empujón. Esto solo funcionó porque el muchacho no se lo esperaba... ¿Cuál debería ser el siguiente paso de Lorelein? Ni siquiera ella lo sabía. Probó a abrir la puerta, pero la pelea continuaba y se asustó muchísimo, quedándose en estado de shock. Entonces el penitente volvió a cerrar la puerta, pero esta vez con llave, la cual se guardo en el bolsillo. ¿Qué pretendía este extraño hombre? Lorelein intentó gritar histérica, pero el muchacho le tapó la boca con la mano.
- Soy tu amigo, no quiero hacerte daño - titubeó el penitente. - Te soltaré y te lo explicaré todo si prometes no gritar ni salir corriendo.
Lorelein asintió todo lo deprisa y todas las veces que la mano del penitente le permitían. Así que lentamente, muy lentamente, el penitente le quitó la mano de la boca, y Lorelein empezó a tranquilizarse un poco. En ese momento, se dio cuenta de dónde se encontraba. Era una de las casas viejas, que se creían abandonadas a las afueras del pueblo, ¿cómo tendría este individuo las llaves de una? Además no solo tenía las llaves, sino que la habitación estaba amueblada. No hacían más que surgir preguntas en la cabeza de Lorelein, eran tantas que empezaron a temblarle las piernas. El penitente, que se dio cuenta, la condujo hasta un butacón.
Finalmente, Lorelein alzó la vista hasta él como pidiendo una explicación, y él comenzó a hablar.
Primero, se presentó como Pedro, vecino de mi tía-abuela. Después, me explicó que este año la mayoría de los penitentes se habían reunido en secreto para dar un golpe contra la iglesia, en concreto, contra las figuras que representan divinidades. Pero que él no estaba muy de acuerdo con esa revolución, porque cada uno tiene el derecho de creer en lo que quiera, de adorar y venerar a quién le plazca. Por otra parte, también le confesó que su tía-abuela le había pedido que vigilara a Lorelein, porque no se encontraba muy bien para acompañarla en la procesión. Así que, allí estaban, en una de las casas en las que se reunían para hablar de los planes que tenían para cambiar el mundo.
Lorelein no paraba de alucinar con la historia. Parecía tan irreal, como una de tantas historias medievales que había leido y que tanto le gustaban. Pero sabía que algo se le escapaba. Tenía muchas preguntas en la cabeza, así que, sin pensar mucho decidió coger una al azar:
- ¿Cuántos años tienes? - Nada más preguntarlo Lorelein se empezó a poner roja como un tomate.
Porque había formulado la pregunta de una manera tan seria, que Pedro no sabía si contestar o reírse. Al final optó por responder. No era muy mayor que ella, aunque lo aparentaba con esas grandes ojeras. Solo tenía 21 años, se llevaban solo 3 años.
Después de esta estúpida pregunta, decidió hacerle otra un poco más acorde con la situación y la pelea. Pero antes Pedro le hizo jurar que guardaría el secreto, que no delataría la casa cuartel y que no lo delataría a él como cómplice. Lorelein no había pensado en decírselo a nadie, a excepción de su tía-abuela, pero esta se chivaría a las autoridades religiosas.
Lorelein hizo todas las preguntas que se le habían ocurrido y más. Pero se sentía casada, y, aunque estaba súper emocionada, no pudo evitar quedarse dormida en el butacón.